Perder e igual salir ganando

30.06.2017

Nos tocó vivir otra final de la Copa América tal como el año pasado Argentina Vs Chile, pero esta vez nosotros 4 éramos más visitantes que nunca viviendo en Chile.

Nos tocó perder, otra vez, tres años seguidos con la misma sensación de saber que estábamos a un paso de ganar (el mundial 2014, la copa América 2015 y 2016) y no lo conseguimos.
Nos tocó secarnos las lágrimas entre nosotros, el corazón con desazón y en silencio, viendolo desde lejos, en el lugar en donde todo era ruido y festejo.En Argentina se vivió como algo catastrófico, pero esta tristeza, por suerte, en el 80% de los casos se tradujo en algo positivo (luego de caer en una "depresión" nacional por 48 horas, digna de nosotros que le dimos vida al tango, música bellizima pero triste, dolorosa. Y es que muchas personas en los medios encontaron que esta nueva final perdida nos venía a enseñar mucho, tanto más que si hubiéramos ganado, y fue lo que yo también sentí, porque en definitiva de los errores se aprende, y aunque sea una frase muy trillada aplica, porque por algo lo es. No vamos a caer en la fácil de decir que es solo fútbol, porque si bien es verdad también, se puede decir que para nosotros, como para tantos otros países, es una pasión, es de lo poco que nos une, a la selección la queremos todos, y nos hace tirar para el mismo lado, a la vez no deja de ser un juego, y ahí me quiero detener, más porque soy mamá y de dos varones (porque la exigencia, de la sociedad, a ganar, a ser un ganador, un exitoso, para con el hombre es exactamente proporcional a la que se tiene con la mujer de ser linda y/o flaca) y no quisiera que mis hijos sientan que si no ganan (y esto se aplica a todos los aspectos de la vida), si no son los primeros, si las cosas no salen como ellos (u otros a los que de alguna forma extraña uno termina rindiéndole cuentas) nada valió la pena. Tampoco vamos a ser ingenuos, es lógico que uno se sienta mal si no gana, más si puso su máximo esfuerzo pero entender que es una opción, el perder es una opción válida, y entender esto hace que esa tristeza sea la justa y luego quedarnos con que dimos lo máximo y que esa sea nuestra ganancia y nuestra mejor carta de presentación, una persona que da lo mejor en algo que ama, que disfruta. Puede que sea más complicado de llevarlo a cabo que de redactarlo, pero vale la pena intentarlo porque es más importante construir personas felices que ganadoras.